Aprender a reconocer nuestras emociones, es el primer paso para aprender a manejarlas y evitar que sean ellas quienes nos manejen a nosotros. Para ello, sean nuestras o ajenas, será esencial la asertividad y tener en cuenta éstos cinco aspectos básicos:
Autoconciencia emocional: Implica tener conciencia de nosotros mismos, para distinguir claramente qué tipo de emoción estamos teniendo y no confundirla.
Autorregulación o autocontrol emocional. Implica transparencia emocional, capacidad de adaptación, logro y optimismo, lo que posibilitará la flexibilidad para cambiar lo que requiera ser cambiado.
Habilidades sociales o relaciones interpersonales. que incluyen la comunicación verbal y no verbal, liderazgo y capacidad de persuasión.
Empatía o reconocimiento de las emociones de los demás. empatía , capacidad de ponerse «en los zapatos» de los otros.
Automotivación. Es el motor de nuestros actos.Trabajar nuestros niveles de motivación es la clave para disponer de nuevas habilidades que nos permitan conseguir los objetivos que nos propongamos
No deben evitarse ni ignorarse, hay que aceptarlas tal y como se producen y aceptar que debemos afrontarlas.
Valora porqué aparecen y qué quieren decirte:
Debemos hacer un ejercicio no solo de percepción sino también de razonamiento a nivel emocional sobre estas cuestiones y analizar por qué se produjeron y qué la motivó.
Utiliza técnicas de meditación o relajación:
Utiliza el método que para tí sea más efectivo para desconectar y tranquilizarte, para recobrar el poder de pensar con serenidad, sin alteración. Busca lo que te haga recobrar la calma para adoptar la mejor decisión sin dejarte llevar por la emoción negativa del momento, que luego podría pesarte y hacerte lamentar tu modo de actuar.
Exprésalas:
Ocultarlas y reprimirlas puede generar un efecto acumulativo que va a hacer que nos sintamos cada vez peor . Aprende a expresarlas de diferentes maneras pero con tranquilidad déjalas fluir y que aparezcan y desaparezcan de un modo normal y adaptativo.
Dales respuesta:
No se trata solo de saber porqué están ahí o limitarse a expresarlas, sino que también es preciso responder a la necesidad que están expresando.
Intenta que no te dominen:
Aprende a gestionarlas para que te resulten funcionales no limitantes.
Valora otras situaciones que despertaron sentimientos semejantes o los efectos que puedan producir esas emociones:
Intenta recordar cómo afrontaste situaciones semejantes sin estresarte si eso te funcionó, y vuelve a usar el método que entonces aplicaste.
Observa a los demás:
Aprender en función de cómo los otros expresan emociones y cómo las gestionan . El uso de modelos que nos enseñen a hacer frente a situaciones y emociones también puede ayudar.
Escríbelas:
Escribir en un diario o algún tipo de autorregistro puede servirnos para observar qué situaciones nos generan determinadas emociones, y nos puede ayudar a entenderlas y entendernos. Dentro de nosotros están gran parte de las soluciones y escribiendo las podemos ver y nos permitirán comprenderlas para poderlas resolver o al menos para saberlas encauzar hacia nuestro bienestar emocional
Algunas pautas interesantes para que las emociones, no se apoderen de nosotros y sepamos reconducirlas.